La sortición se refiere a la selección de representantes políticos mediante un sorteo entre todos los ciudadanos. Este procedimiento, utilizado durante siglos en los regímenes republicanos de Atenas y luego de Roma, prácticamente desapareció a principios del siglo XIX en favor de la elección. Desde los años 70, investigadores y dispositivos institucionales lo han vuelto a poner en circulación como herramienta de participación y deliberación.
El sesgo de participación, ángulo muerto de la sortición contemporánea
La mayoría de las presentaciones de la sortición insisten en la igualdad producida por el azar: cada ciudadano tiene la misma probabilidad de ser seleccionado. Este principio teórico se enfrenta a un obstáculo concreto: la tasa de aceptación de las personas seleccionadas al azar sigue siendo baja.
Según la base de datos de la OCDE publicada en 2023, la mediana de las tasas de aceptación observadas en los dispositivos deliberativos informados es baja. Una parte significativa de las asambleas ciudadanas ni siquiera comunica esta información.
Las personas que se niegan a participar no constituyen una muestra neutra: un estudio publicado en el European Journal of Political Research en septiembre de 2026 muestra que los no participantes difieren en su comportamiento electoral, su confianza en el gobierno y su nivel de preocupación sobre ciertos temas como el clima.
Por lo tanto, el procedimiento aleatorio no es suficiente para garantizar la representatividad. La indemnización, el acompañamiento logístico (cuidado de niños, transporte, alojamiento) y el modo de reclutamiento pesan tanto como el sorteo en sí. El mismo estudio ha probado el contacto puerta a puerta como palanca: aumenta la inscripción de las personas solicitadas, pero algunas barreras requieren medidas más fuertes que una simple invitación.
Este problema estructural distingue la Sortición contemporánea de su ancestro ateniense, donde la participación estaba respaldada por un marco cívico vinculante y una población elegible mucho más restringida.

Sortición y elección: dos lógicas de legitimidad política
La elección se basa en un mandato: el pueblo elige a un representante que actúa en su nombre. La sortición se basa en una muestra: un grupo de ciudadanos, estadísticamente cercano a la población, delibera sobre un tema dado. Estos dos procedimientos no producen el mismo tipo de legitimidad.
El voto otorga una legitimidad por el consentimiento explícito de los votantes. El sorteo busca una legitimidad por la semejanza: la asamblea seleccionada al azar se supone que refleja la diversidad social, económica y demográfica del cuerpo cívico. Bernard Manin, en sus trabajos sobre el gobierno representativo, ha demostrado que el sorteo y la elección han coexistido en la mayoría de las repúblicas históricas, cada uno cumpliendo una función distinta.
La elección favorece la selección de perfiles considerados competentes o carismáticos, lo que crea mecánicamente una distancia entre elegidos y votantes. La sortición, en cambio, produce asambleas compuestas por personas sin mandato previo, lo que reduce esta distancia pero plantea la cuestión de la competencia técnica y la responsabilidad ante los ciudadanos no seleccionados al azar.
Lo que la sortición no reemplaza
Ningún dispositivo contemporáneo propone sustituir completamente la elección por el sorteo. Las asambleas ciudadanas recientes (convenciones climáticas en Francia, asambleas deliberativas en Irlanda o Escocia) funcionan como órganos consultivos o prelegislativos. Su poder depende del marco institucional que las acoge.
La Corte de Cuentas francesa ha formulado recomendaciones para aclarar el estatus jurídico y el alcance decisional de estos dispositivos de participación ciudadana, subrayando la brecha entre las expectativas generadas y el carácter no vinculante de los informes emitidos.
Representatividad descriptiva y sorteo: condiciones prácticas
El sorteo produce una representatividad descriptiva: la asamblea se asemeja a la población en criterios medibles (edad, género, categoría socioprofesional, territorio). Para que esta semejanza sea efectiva, deben cumplirse varias condiciones:
- Un registro de sorteo suficientemente amplio y actualizado, cubriendo a todos los ciudadanos elegibles, no solo las listas electorales que excluyen a los no inscritos
- Un mecanismo de estratificación o ponderación que corrija los sesgos de auto-selección, ya que los voluntarios no representan a la población general
- Una indemnización real que cubra la pérdida de ingresos, los gastos de desplazamiento y el cuidado de niños, de lo contrario, las categorías precarias seguirán estando subrepresentadas
- Un protocolo de seguimiento y acompañamiento que reduzca la brecha entre las personas solicitadas y aquellas que efectivamente aceptan participar
Sin estas medidas, el sorteo reproduce las desigualdades de participación que pretende corregir. Los datos de la OCDE confirman que la representatividad real varía considerablemente de un dispositivo a otro según los recursos asignados al reclutamiento.

Asamblea ciudadana y deliberación: el marco francés
En Francia, la Convención ciudadana por el clima ha constituido la prueba más visible de la sortición aplicada a nivel nacional. Sus participantes, seleccionados al azar, han producido propuestas legislativas de las cuales una parte ha sido retomada, modificada o desechada por el gobierno y el Parlamento.
Esta experiencia ha puesto de manifiesto un problema recurrente: el vínculo entre deliberación ciudadana y decisión política sigue siendo difuso. Las convenciones ciudadanas no tienen poder legislativo propio. Sus recomendaciones pasan por el filtro de las asambleas elegidas, lo que genera un sentimiento de promesa no cumplida entre los participantes.
El Senado y la Corte de Cuentas han recomendado encuadrar mejor estos dispositivos para evitar la inflación de expectativas sin garantía de resultado. La cuestión del “último kilómetro” entre la opinión ciudadana y la ley votada sigue siendo el principal punto de fricción en el debate francés sobre la democracia participativa.
Qué futuro institucional para el sorteo
Varias propuestas circulan: cámara alta seleccionada al azar, comisiones de evaluación ciudadanas permanentes, paneles deliberativos integrados en el proceso legislativo. Ninguna ha superado la etapa de propuesta formal en el marco constitucional francés.
El sorteo sigue siendo, por ahora, un complemento puntual a la democracia representativa, no un reemplazo. Su credibilidad dependerá menos del procedimiento aleatorio en sí que de la capacidad de las instituciones para hacer que sus resultados sean vinculantes y para resolver el problema estructural de la participación efectiva de los ciudadanos solicitados.



